Bahía Trío: amansando el aire…

Eso me dijo mi querido amigo Juan Felipe cuando me presentó este grupo. Pero se quedó corto… no sólo es para amansar el aire, es para aprender a bailar con él, para cogerle el paso al caminar, para saber estarse quieto con él cuando uno debe parar para ver cuánto ha avanzado y ver en dónde fue que se quedó estancado…

¿No les parece muy cruel y a la vez muy curioso que un grupo chocoano que hace música chocoana, nos pueda parecer exótico a los colombianos? Eso dice mucho de lo sordos que estamos a nuestro propio pulso y de la enorme influencia que tiene la cultura masiva sobre nuestras vidas. Gracias a Dios los va uno descubriendo, se va dando uno cuenta de que hay mejores orillas sonoras… y de que esas orillas están a la vera del Pacífico colombiano.

Otro elemento de ese exotismo con el que podemos escuchar esta música, es el que, para nosotros, mamá África está bien lejos… al otro lado de un océano literal y mental que nos impide admitir la enorme cercanía cultural que tenemos con esas civilizaciones negras. Y sin embargo, esos ritmos suenan deliciosamente familiares…

Otra cosa: esta no es la música que se conforma en concordar con el estereotipo de lo negro, con su sexualización excesiva y su ridiculización gratuita. Esta es la música afrocolombiana que nos acerca a esa cultura musical africana donde dominan las aventuras rítmicas más sofisticadas y elegantes que se encuentran con combinaciones armónicas que desafían las reglas de la música occidental académica… es una música de alto calibre, señoras y señores… ahí les dejo:

Bogotaneando – La crónica, parte 2

¿Será que el abandono hace parte de las políticas públicas? ¿Podemos considerar el abandono, como una forma de habitar la ciudad? Estas dos preguntas son las que toman lugar en mi cabeza, alternativamente, cada vez que pienso en Bogotá. 

El hecho de que Bogotá sea una ciudad que, en muchos sectores, es mejor pasar de largo, dice mucho del tipo de modernidad en el que vive. Ahora bien, hay que aclarar que la sectorización de Bogotá no es algo nuevo, muchos especialistas en historia y desarrollo urbano están de acuerdo en decir que dicha sectorización se fue consolidando desde hace unos cien años más o menos, cuando la ciudad empezó a recibir fuertes flujos migratorios de gentes que, sacadas de su localidad por la pobreza y por la guerra, sólo atinaban a buscar en Bogotá un lugar. La cuestión entonces es cómo se ha desarrollado esa sectorización, cómo es que se ha organizado a esa masa siempre creciente que son los bogotanos.

Lo que salta a la vista cuando uno intenta responder a dicha cuestión, es el innegable daño ecológico que la ciudad ha sufrido y que causa a sus regiones aledañas. Bogotá vive a costa de su ecosistema y los daños ya son irreversibles; es más, podríamos decir que uno de los precios que ha tenido que pagar por su gigantismo, ha sido el deterioro de su ecosistema, con el cual dejó de tener relación durante las últimas décadas del siglo XIX. Esa es una parte del abandono al que me refiero.

Santafé de Bogotá (Col.), Plaza de Bolívar

Ese abandono constituyó el núcleo de una administración sin verdadera planeación. Y parece que, cuando llegó la planeación, se planeó la ciudad del futuro en el norte y así quedó otra Bogotá… es como si fueran dos hermanitas siamesas, la una con problemas de desarrollo y la otra más repuestica. La primera, que comprende gran parte del antiguo núcleo histórico de la ciudad, parece en varias manzanas un pueblo de una película del oeste,  uno de esos pueblos perdidos en la mitad de la nada donde en cada esquina puede estar escondido un pistolero. Y al parecer así es. Es muy doloroso ver cómo la pobreza y la inseguridad, se alimentan del abandono gubernamental – y a su vez, el abandono gubernamental se alimenta de esa pobreza y de esa inseguridad. Ya había dicho en la primera crónica que en estas zonas eran tristemente evidentes el desaseo, el abandono y la tristeza; este ecosistema urbano es un ecosistema moribundo, sino es que ha muerto ya. Y ojalá me equivoque.

No me olvido del sector de La Candelaria, y a él le dedicaré una crónica aparte. Este sector alberga un intento de los administradores de la ciudad por reconciliarse con su ecosistema: el Eje Ambiental, que supuestamente se verá completo en una década (más o menos), cuando esas palmeras que sembraron después de la Séptima, bajando por la Avenida Jiménez, crezcan y den toda la sombra que prometen; los edificios circundantes tendrán una vista bellísima… pero falta ver si eso es suficiente para reactivar el ecosistema de esa parte de la ciudad.

Pasando de la nefasta 26 hacia el norte, uno puede ver el cambio de relación. Si es cierto que el abandono hace parte de las políticas públicas, el sector de Chapinero, la pequeña Suiza y otros en esa área, dan una curiosa señal de ello. Se dice en la academia que el mayor esfuerzo modernizador en Bogotá, estuvo enfocado a establecer una ruptura con la Colonia y todo lo material que estuviera asociado a esa forma de vida. Chapinero es un barrio que pareciera haber sido diseñado con ese propósito, con esas casas de estilo europeo que llaman la atención y que están siendo recuperadas.

Ya en el norte, uno siente los deseos de cosmopolitanismo y de modernidad en las avenidas que se ensanchan, en los edificios que proclaman que en ese sector habita la Bogotá moderna, centro financiero del país. polo turístico de la región. Incluso la localidad histórica recuperada en ese sector, Usaquén, presenta un lazo urbanístico con esos deseos de modernidad: tan limpia y conservada, los rastros perfectos del pueblecito, alberga en sus callejuelas bien mantenidas negocios y restaurantes que se han ido convirtiendo en parada obligada de los bon vivants y de los turistas. Esa es una parte de Bogotá que se muestra con orgullo, pues muestra el equilibrio de un desarrollo pensado; pero  ¿en realidad es tan pensado?

Santafé de Bogotá (Col) Parque de Usaquén

De aquí podemos volver a la otra pregunta inicial: ¿el abandono puede ser considerado como una forma de habitar la ciudad? Yo pienso que sí; los habitantes de Bogotá han abandonado su ciudad de muchas formas y la frustración con sus administradores es una de ellas. Pienso que muchos bogotanos se han cansado de querer algo mejor para su ciudad y por eso buscan otro lugar dónde hacerla… tal vez al norte, donde todo es más nuevo.

Hace tiempos: racismo en Colombia

Esta entrada comienza con una obra de arte, por gracia del colectivo Blanco Porcelana [visite la obra interactiva aquí].

Blanco Porcelana, uno de los posters de la   obra

Y luego continúa con una denuncia hecha en el blog La Silla Vacía en la que refieren cómo esta instalación artística ha sido objeto de una tutela, puesta por familiares de la artista, que se sienten vulneradas en su buen nombre… digo “vulneradas”, por que se trata de las tías de la artista. Y ese es uno de los lados del asunto.

Entonces: no hace falta continuar esta entrada diciendo que la artista simplemente está comentando algo que todos sabemos, que el racismo en Colombia existe. Todos estamos un poco cansados de saber que el racismo en Colombia es cosa de todos los días, pero de tanto decirlo y “saberlo”, en realidad lo pasamos por alto. De tanto señalarlo en las acciones y palabras de otros, en los casos que parecen traídos de una película sobre el sur gringo, se nos olvida lo que esta artista nos está presentando: que el racismo es una de nuestras estructuras sociales cotidianas, que lo llevamos en la sangre, como llevamos nuestra diversidad genética producto de la mezcla de tres razas (y eso que digo tres por simplificar, nada más… acuérdense que los españoles eran bien mezcladitos cuando llegaron por estos lares…)

La pieza central de esta obra son las frases que delatan nuestro racismo cotidiano; seguramente frases que la artista oyó en boca de sus tías y su mamá y seguramente, frases que todos hemos oído en bocas familiares… frases que, sin pensarlo, repetimos. Y el hecho de que las repitamos sin pensarlo, demuestra lo impregnada de racismo que está nuestra cultura colombiana. Los señalamientos a características étnicas que desde tiempos coloniales se han tomado como “desafortunados”, son uno de los rasgos  que se han mantenido en nuestra cultura, que durante la transición hacia un sistema democrático, no logró minimizar las barreras socioeconómicas que se asociaban a la cuestión racial; nuestro racismo está apuntalado entonces por un fuerte arrivismo económico: nadie quiere “ser negro” o “indio”, por que en el fondo, eso también significa ser “pobre”… y ser “pobre” significa no sólo no tener medios financieros, significa también estar a merced de otros para vivir, tener que soportar leyes injustas, no poder ejercer el libre albedrío en el mundo social.

Nuestro racismo cotidiano refuerza este prejuicio como un conjunto de frases, de comportamientos y actitudes que buscan no sólo señalar al “más oscurito”, sino negar cualquier parecido o relación con ese elemento social que se considera indigno; entonces vamos desde alaciarnos y teñirnos el cabello hasta los lentes de contacto de color claro y si con la cuestión física no alcanza, entonces vamos a la ostentación de aquello que usualmente reconocemos como pertenecientes a aquellos que detentan “el porte”: ropa, lenguaje corporal, actividades de ocio, lugares de vivienda y otros consumos que se asocian como pertenecientes a gente “con clase”… claro, la reacción de la gente “con clase” , no se hace esperar: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, para darle a entender al recién llegado que su ascenso social podrá mostrar todos los signos materiales de su redención, pero que su “esencia” (su verdadera piel, su verdadero cuerpo), sigue perteneciendo a ese mundo oscuro y pobre del que salió.

Y eso que no voy a hablar del contra-racismo, o racismo a la inversa: cuando el discriminado, a su vez, discrimina a su discriminador… eso requiere otra entrada en el blog.

El lado de la cuestión que mencioné al principio de este comentario, se refiere al hecho de que sean las familiares mujeres de la artista, las que hayan puesto la tutela. Las mujeres seguimos siendo las guardianas de los valores y la moral, a pesar de las alternativas que el feminismo ha puesto ante nosotras; ya ven entonces que no me parece lo máximo el que las mujeres sigamos replicando y promoviendo valores que no permiten la consolidación de una sociedad más incluyente… Y no se trata de falta de educación en muchos casos; seguramente las tías de la artista salieron graduadas de excelentes instituciones educativas y muchos de nosotros, los espectadores de la obra de arte, hemos ido a la Universidad; se trata de que casi siempre, nuestras instituciones educativas y educadores repiten los prejuicios sociales y no presentan -al menos de manera eficiente- la alternativa: unos valores democráticos y respetuosos. 

Las tías de la artista, como la gran mayoría de las mujeres colombianas, fueron objeto de una educación conservadora. Yo leo su reacción ante la obra como otro fruto de esa educación: el horror de pensar que la gente las va a considerar unas racistas. Pero en eso no se diferencian de los demás colombianos, incluso de aquellos que denunciamos la discriminación racial y que también somos hijos de una cultura racista. Ahí a ellas se les escapa que la artista no está diciendo que sólo sus tías son racistas; también está diciendo que ella, la artista, es racista; que los curadores de las galerías de arte son racistas; que otros artistas son racistas; que nosotros, los que vemos y experimentamos su obra, y nos escandalizamos con las frases de tono racista que nos muestra, somos racistas.

Entonces, para concluir esta entrada, me parece que esta obra de arte es poderosa por que saca de lo cotidiano algo que nos estructura como sociedad y que seguimos dando como estructura social a las nuevas generaciones: el racismo. Me gusta que haya sido entutelada, me parece que la acción judicial es una contribución a su poderoso efecto estético, pues pone en mayor relieve la hipocresía que manejamos ante nuestra conservadora sociedad colombiana – pero aclaro que no me gusta ver censura en el mundo del arte; en este caso, la censura ha cumplido una de las máximas de Oscar Wilde: “cuando me halagan, sé que lo he hecho bien; pero si me insultan, sé que he tocado las estrellas”. 

 

Bogotaneando – la crónica, parte 1

Bueno, no había vuelto a postear con frecuencia por cuestiones académicas. Esas cuestiones me llevaron a Bogotá, la capital de mi hermoso y loco país. Confieso que en lo que se refiere a viajes a la capital, era una completa novicia provinciana… pero sé que no soy la única, pues muchos colombianos se pasan la vida entera sin ir a la capital de su país, pues ni lo desean ni lo necesitan. Yo me sumé a aquellos colombianos que, por necesidad, salen de su ciudad natal para irse a la capital… fueron sólo dos meses y medio y sé que me quedó mucho por experimentar; pero igual, Bogotá fue toda una experiencia y quiero compartirla.

Entonces, comparto la primera impresión común a todos los que la ven por primera vez: es una ciudad muy grande… pero tanta enormidad esconde heridas y contrastes muy agudos, lo que la hace intrigante y abrumadora. La mejor manera de hacerse una idea de lo compleja y multifacética que es Bogotá, es usar el transporte público: Transmilenio o buseta. Sí, claro, entre tumultos y ladronzuelos a uno se le pueden quitar las ganas de participar de ese deporte extremo urbano bogotano, pero es el mejor medio para conocer la ciudad.

Transmilenio, estación Museo del Oro, Bogotá - Colombia

El famoso Transmilenio, diseñado y aplicado para resolver el problema de la movilidad de Bogotá, es una solución a medias. En realidad no es más barato ni más rápido, aunque tiene buses express que hacen los recorridos de una estación a otra directamente. Lo más emocionante que puede ofrecer Transmilenio, es una visión privilegiada de la sectorización de la ciudad y de la discriminación económica que esto implica; al tomar como recorrido central la Avenida Caracas, una sección de Transmilenio le da a uno la oportunidad de una visita turística sin guía; dependiendo de la hora, uno encuentra señales del abandono que sufren algunos sectores de Bogotá, sobre todo en el centro; yo tuve la experiencia de hacer ese recorrido en horas de la noche y vi estudiantes, trabajadores, comerciantes, ejecutivos, amas de casa, prostitutas, gamines y demás peleando por su lugar en la calle o por salir rápido de esa calle… ahí recordé algo que aprendí leyendo historia de la arquitectura: una ciudad puede ser moderna y fantasmal, pues se convierte en un lugar de paso y no de habitación; hay sectores del centro de Bogotá que son lugares de paso afanoso y contrariado para parte de sus habitantes, mientras que son lugares de habitación para otra parte de su población. Claro, esa parte de la población que los habita no es la población “de mostrar”…

Otro sector que muestra un gran abandono, es el sector de Las Cruces, que comienza unas cuantas calles más abajo del Palacio de Nariño y su zona de influencia -las carreras Octava y Novena-. Aquí el abandono lleva la marca de la pobreza.

 

Carrera Octava, antigua Calle de Florián, Bogotá - Colombia

La primera advertencia que uno recibe de los bogotanos, es no pasar por ese sector. Yo tuve la oportunidad de pasarlo en taxi, y ahí supe porqué: parecía un pueblo fantasma del viejo oeste. Curiosamente, es uno de los sectores más antiguos de Bogotá y sus viejas casas se hallan casi intactas, obviamente por que sus habitantes no han tenido con qué modernizarlas.

La violencia y la  rudeza de ese barrio se sienten al pasar por esas callecitas angostas, callecitas que con su escaso diámetro, hablan de los tiempos en que Bogotá fue un pueblo grande…

es muy triste ver cómo media ciudad queda abandonada a su suerte, pues al salir a la avenida en la que queda el famoso Hospital San Juan de Dios, otra institución histórica en la nación, la cosa no mejora: más abandono, más descuido, más suciedad, más tristeza.

Y así finalizo mi primera crónica bogotana.  No se preocupen, tengo mucho que decir al respecto y vendrán más.

Vista panorámica de Bogotá desde Monserrate, cerca al punto de llegada del funicular. Bogotá - Colombia

Y ZAZ!!!!!

Claro, ese es el sonido de una sorpresa. De una rotunda, maravillosa sorpresa. Pero ella era sólo la cereza en la punta del helado de vainilla francesa recubierto de salsa de chocolate derretido calentito…

Ella viene sin disculpas, con inefable audacia. Es una voz joven y muy urbana, a la vez que intensamente urbana, que renueva el jazz francés y también ese arte un poco monumentalizado que es la chanson, que tiene en Edith Piaf a su mesías.

Zaz: la vibrante Francia...

Esta   muchacha es una artista ya hecha. No creo que sea un producto del mercado, más bien, es una de esas bendiciones que le llegan de vez en cuando.

En el video de arriba uno puede ver toda la energía que entrañan sus canciones,  con letras sin disculpas y llenas de alegría de vivir.  De ahí que Zaz sea toda una experiencia,  no sólo para escuchar sino para ver, por la electricidad que comunica.

Y sí, me parece pura poesía urbana, de la alegría de vivir la calle con todo lo que tiene de caótico.

Me encanta que sea una voz femenina y fresca la que le cante a la calle. Y me encanta poder disfrutar de esa comicidad y de esa alegría… se apuntan?

October Project: un hermoso sueño

Sólo fueron dos C.D’s. Dos maravillosas producciones que tuvieron una gran presentación, gracias a una poderosa balada que figuró en una película de Jeff Bridges y Tommy Lee Jones… no me pregunten el nombre de la película, pues lo único que me quedó en la memoria fue ese suave, inefable sonido, contrastado por la poderosa voz de la vocalista, Mary Fahl, cantando Return To Me:

En los noventas, ellos no se parecían a nadie… sobre todo sus letras, audaces en su sencillez, fuertes, no citaban lugares comunes.  Y claro, Mary Fahl: esa voz melodiosa sin ser aniñada, tan potente que podría mover montañas. Con semejantes ingredientes, los October Project crearon una banda que fue de pocos fans, pero que seguimos siendo fieles…

Esta es una de mis favoritas, llena de esperanza:

Claro!!! Cómo resistirse!!! Ese sonido llamaba a los cuatro vientos, era fresco… pero sólo duraron lo suficiente para dos discos, desafortunadamente. Esta belleza es de su segundo álbum; aquí la historia bíblica cobra una resonancia intensa, cuando se toma como una tremenda historia de amor que decide la existencia:

Y entonces, siguieron su camino separados.  Hasta donde sé, la célula original del grupo continuó… claro, no es el mismo sonido, pues la vocalista comenzó su carrera en solitario. Así que los dejo con Mary Fahl:

 

La foto: Bogotaneando

La capital colombiana siempre sorprende…. siempre… :)

En la Plaza de Bolívar, centro administrativo de la capital colombiana.

 

Brassaï: el otro mundo

Ese que despierta con la luna, ese que vive en París cuando los buenos ciudadanos se van a dormir.

Ese, al que le cantó Woody Allen en su hermosa cinta Media Noche En París… ese mundo en el que todo puede ser posible, en el que viajar en el tiempo es una opción y en el que de tanto caminar por esas hermosas calles y ajetreados cabarets, uno hasta se puede encontrar a sí mismo.

Ese era el mundo del fotógrafo húngaro Brassaï.

Brassaï: Notre Dame, 1933

Y con todos sus personajes, tan poéticos… llenos de esa poderosa y transgresora belleza que tienen todas las criaturas de la noche..

Pero no se trata sólo de mostrar estos personajes;

Brassaï: Bijou

se trata de concederles su dignidad,

su fuerza creadora,

como la que tienen los seres humanos

que se consagran con la luz del día…

el mundo de Brassaï no es sólo sombrío;

esto sería ponerle una etiqueta facilista;

el mundo de Brassaï

tiene toda la ternura

y la maravilla

que la creatividad nocturna acuna.

Este adorador de la ciudad nocturna nació en Hungría en 1899 y tomó por nombre el de otra ciudad, la suya, Brassó… que actualmente, por las cosas de la política, pertenece a Rumania.  Pero eso no importa. Su pasión por la ciudad que lo adoptó y por sus noches llenas de cosas y personas interesantes, fue la que definió su vida.

Brassaï: Alcantarilla

Por supuesto, viviendo en el París de los años 30 del siglo XX, se hizo amigo de toda la gente genial que habitaba ese ambiente.  De toda la gente fascinante que escribió los libros que ahora leemos, que compuso y cantó las canciones francesas que ahora nos gustan y que pintó todos esos cuadros locos que aún nos asombran. Pero con tanta genialidad rodeándolo, el tuvo la suficiente sensibilidad de dedicarle su lente a las bellezas cotidianas de su vida nocturna.

Brassaï: Back Stage

 

Brassaï

Pero tampoco fue inmune a la masa de sustanciosas celebridades que lo admiraban, que lo aclamaban como el ojo de París:

Brassaï: Matisse pintando, 1939

Ese otro mundo, en el que la creatividad que no encuentra espacio entre los rayos del sol, se enamora de la noche, mucho más callada y receptiva, llena de vida que, en la claridad del día, no encontraría espacio para manifestarse… qué hermoso mundo el que nos ha dejado Brassaï…

Brassaï: niebla parisina, 1934

 

Brassaï: el corset, 1933

“Stage Beauty”, o la belleza imitada

Ya he mencionado el tema en este blog. Confieso que es algo que me interesa mucho, que me atrae. No sólo como mujer -obviamente-, sino como historiadora. Se trata de la cuestión de la belleza. Y con esta cinta del año 2007, vuelvo al tema:

Ahora bien, esta película no trata solamente de la cuestión de la belleza femenina. Este film también es una delicada y sentida reflexión sobre la profesión actoral y sobre lo que podría impulsar a cualquier actor o actriz a asumirse como tal y llevar una vida en el escenario o frente a las cámaras… de ahí que en boca de estos barrocos personajes, podamos escuchar muchas cosas que hemos oído a nuestros actores y actrices contemporáneos, así como a muchos directores de teatro/cine y, claro, a muchos críticos y aficionados.

Entonces, vamos por partes: ¿qué es lo que se considera bello, femeninamente bello? La historia de esta película nos provee, por lo menos, de dos respuestas: lo que ellos consideran bello y lo que nosotras consideramos bello. La historia que cuenta uno de los personajes principales, Kynaston, nos da pistas sobre esa belleza escenificada: poses, miradas, gestos, inflexiones de la voz … todo un equipo que cause el efecto de una interpretación, llena de atractivo y buenas dosis de misterio. Es más, en varias líneas Kynaston (el actor Billy Crudup) nos deja ver que la imagen femenina, desde este ángulo, es un complejo armazón artificial, mientras más artificial, más atractivo. Y como todo artificio, requiere un largo y agotador entrenamiento.

El segundo personaje de la película, la antagonista, Margareth Hughes (Claire Danes), no busca la belleza; busca el arte, la actuación. En sus propias palabras, quiere hacer lo que Kynaston hace: lograr admiración. Y lentamente, nos lleva a la gran desilusión que implica no ser considerada como una actriz valiosa, sino como una belleza que debe exponer sus senos en los carteles para obtener credibilidad. La señora Hughes se da cuenta, tras sus primeras arrogancias, que el artificio que se le pide y la belleza que se le exige, no tienen nada que ver con su condición de mujer ni de actriz.

Billy Crudup encarna al actor Edward Kynaston, especialista en roles femeninos, en la película Stage Beauty

Y aquí viene otra de las facetas de esta película: ¿qué es lo bello masculino y qué es lo bello femenino? ¿qué es lo que buscamos en el otro género, cuando buscamos la belleza y el atractivo? ¿Acaso buscamos lo que pensamos que el otro busca en nosotros? ¿Acaso buscamos un artificio?

Y si es cuestión de arte: ¿es más tentador el artificio que la realidad?

Otra nota más: creo que la interpretación de Crudup como el andrógino Kynaston entra en la lista de grandes interpretaciones femeninas realizadas por hombres. Debemos recordar a la chispeante Tootsie de Dustin Hoffman y a la bella y valiente Kitty de “Breakfast on Pluto”.

Iba a darle una conclusión a esta recomendación fílmica, pero hay algo mucho mejor: los invito a que vean esta sorprendente película.

Good Bye, Mr. Hitchens.

¿Quién era Christopher Hitchens? Una de las mentes liberales más lúcidas de las últimas décadas. Uno de los críticos más feroces a esa ignorancia optativa por la cual muchas personas se han estado decidiendo en las últimas décadas -y esto lo voy a explicar más adelante, tranquilos. Uno de los escritores, polemistas e intelectuales públicos más reverenciados y temidos, pues su fuerza expresiva y el gran uso que hacía del lenguaje, lo convertían en un rival admirable y difícil. Un hombre apasionado por el saber y por lo tanto, defensor de la curiosidad y de la rebeldía que implica la independencia de pensamiento.

Este hombre, al que acabo de describir tan suscintamente, murió hace pocas semanas. Con una gran entereza padeció el cáncer que lo llevó a la tumba y murió calladamente, rodeado de la presencia de quienes lo amaban. A mí no me sorprende que un ser hipercrítico como Hitchens hubiera tenido gente que lo amaba… su precisión intelectual y su ferocidad estaban equilibrados por su gran calidez humana y por su sensibilidad hacia todo lo bello que la humanidad tenía para ofrecer.

En sus libros  y en sus conferencias   defendió la libertad del conocimiento contra los dogmatismos de nuevo cuño. Por lo tanto, fue un crítico acérrimo

Christopher Hitchens: escritor, polemista, crítico.

de las religiones, sobre todo de las institucionalizadas y constituidas como fuerzas políticas. Sus diatribas contra el judaísmo, el cristianismo y el Islam son bien conocidas, pues las consideraba fuerzas perversas que envenenaban las causas políticas y los principios morales más altos. Hay que recordar su famosa frase, pronunciada ante un líder religioso que le dijo alguna vez que rezaría por él: “yo pensaré por usted”…. ante la respuesta fácil de la religión organizada, Hitchen prefería la aventura de pensar, de conocer y de equivocarse:

Decir que Hitchen era un gran ateo es simplificarlo… era un defensor de la aventura humana, sí AVENTURA. Al rechazar la respuesta fácil de una fe incuestionada, optaba y defendía por la posibilidad de saber, entender, conectarse con otros seres humanos a través del saber, del amor, de la rabia, de la indignación y claro, del sentido del humor:

Christopher Hitchens, poniéndose lindo..

Yo ya extraño sus maravillosas “cantaletas”, su deslumbrante pirotecnia verbal y su pasión… pocas veces un gran intelectual deja gran huella.

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