Muchos no lo meditan. Simplemente lo igualan a lo natural y a esa cálida sensación de estar en lo correcto que les permite juzgar a los demás.
Muchos se obsesionan con ella. Hasta el punto de convertirse en severos policías de sí mismos y de los otros y señalar a todo el que se sale de este parámetro.
Muchos la imponen como condición. Condición para amar, para respetar, para admitir, para tener una relación de cualquier tipo, para reconocer al otro.
Pero a la hora de la verdad, ¿de qué m*!*
:0a se trata?

La pregunta del millón